martes, 5 de julio de 2011

Psicoanálisis de una película cristiana: Sobre la perversión libidinal en la mitología del cristianismo; rarefacción y normalización; el carácter vomitivo y escatológico de la estética providencialista en los animados cristianos, y el goce profano de éstas en el pensamiento crítico: “Hermie y sus amigos (Flo, la mosca mentirosa)”



Ver vídeo:

Algo que le acuso a muchos pesimistas de la cultura, y de sus formas, lo es su negación ante el consumo de los medios; me es intolerable el escuchar a alguien decir qué “la televisión es una basura”, intolerable en el sentido de que la televisión, como forma más pura de la calidad escatológica de la sociedad, es también una fuente de análisis de estudio, como forma de análisis tiene también consigo su carácter seductor, que en última instancia forma parte de mi goce y perversión analítica.

El día de hoy, pasando y pasando canales, no encontré otra diversión mas que mirar con sarcasmo y bajo la lupa “vomitiva” los programas que daban en diferentes canales; el cambiar de los canales me topé un canal muy particular: EWTN (un canal que pertenece a la cadena de radio y televisión internacional fundada por la Madre Angélica, en 1981) qué en ése instante transmitía un programa llamado: “Hermie y sus amigos”, serie cristiana video animada, que trata de la vida de dos orugas llamadas Hermie y Wormie. El programa me incitaba, como bien lo dirían los psicoanalistas, a la perversión, más que mirarlo simplemente, sino observarlo y "masticarlo": era imposible despegarse de el; además de la adecuación antropológica del escenario natural sostenido bajo el andamiaje providencialista, la determinación de la geometría corporal de los insectos en general por la adecuación mencionada anteriormente, la calidad humana, innegalblemente sobresale, a grandes rasgos en la serie. Un neo-renacentismo se erige en la filosofía de la video-serie infantil cristiana.  

Hermie resonó de tal forma en mi cabeza, que decidí en ésta, ingeniar el cómo escudriñar, y develar de ésta serie, la posición sobre su sentido negativo y profano, algo que no devela de sí a grandes luces. Un primer rasgo característico, y que se le debe de gran medida a la industria cultural y su proyecto colonizador, lo es el principio de rarefacción, éste principio apela a la calidad disonante, construida socialmente e impuesta sobre las diferentes formas y geometrías sociales, así un tipo de preferencia (ya sea sexual, ideológica o política), ante el tamiz del principio de rarefacción, adquieren su carácter profano, oscuro y anormal. Éste principio de rarefacción se ajusta a la cualidad teológica de la serie, y el tema central del episodio en debate: “Flo, la mosca mentirosa”; el principio de rarefacción en primera instancia dicotomiza la realidad, las enclaustra en dos unidades: el ámbito de lo normal (y aquí viene consigo los procesos de normalización –el proceso que se inscribe como imposición totalitaria de una forma como natural-, y normalidad –que es la naturalización de ésa forma teologizada bajo el aura de lo natural-) y lo patológico; la patología central del capítulo, la mentira, es profana, sin embargo, solo es profana en tanto la verdad sea providencial, verdad última, libre de la magia de la influencia; verdad que no se somete a crítica, y que se teologiza en función de la aprobación última de los concilios pronunciados por el vaticano. Entonces, es en la serie, donde la mosca se define como una unidad profana (y escatológica) desde la mitología católica occidental.

Contraponiendo toda filosofía católica, la serie expone en una de sus canciones (Es hora de gozar) todo un hedonismo individualista, que carga de si el sentido perverso del goce, ante la enclaustración del inconsciente, éste goce “liberado” está supeditado bajo las reglas discursivas del “principio de la realidad” acuñado por Sigmund Freud, la configuración del individuo ante la sumisión del libido y el establecimiento del inconsciente, y la concreción del Super-Yo como metafísica que se manifiesta en la autoridad bajo el embalaje de las tipificaciones constituidas socialmente. La interpretación de ésta canción, amenizada por la banda “The Betlees” (mofa del cuarteto de Liverpool), recuerda la descontextualizada crítica de “Los Beatles” sobre las tipificaciones sexuales que motivaron a miles de jóvenes en la insurrección de diferentes revoluciones sociales y culturales encarnadas en los sesentas. La misma “Hora del goce” promulgada por “The Betlees”, en el animado cristiano, se dirige bajo dos sentidos importantes: El primero confiere a la construcción semiótica de la teología (en su sentido de verdad y emancipación) como goce y exteriorización del placer, unidad separada de cualquier principio de realidad, expresión material, y no, calidad apofática que condensa de si la expresión de lo lejano, ausencia de lo terrenal, por ende, sublime e ininteligible, expresándose como imposibilidad absoluta de crítica.  

La castración del rostro de la profanidad es el alejamiento material de la realidad, la ausencia del otro, que en última instancia es también la del ser. El principio de la rarefacción prevalece, la normalidad se plasma en la serie, y la normalización el producto de ésta para la sociedad; la acústica establecida por “The Betlees” (la versión Kitsch de The Beatles) se asemeja a la misma colonización que hizo de si la modernidad sobre las formas sonoras, ninguna otra forma acústica se erige como verdad, solo la impuesta en la serie, el concepto música hace deambular a otras formas musicales por los lares de lo para-estético, supedita lo demás al margen, y no deja de si una crítica contra la industria de las formas sonoras instrumentalizadas.

Si de algo puede estar orgullosa de si la industria cultural en general, y el programa en si, lo es en el alcance que ha tenido su proyecto; a propios o extraños no deja de sorprender ello y su radio de alcance; es un elemento más que termina de constituir la realidad y reproducirla; de su metáfora subyace la realidad. Sin embargo, ello no quiere decir que de ésta se encuentre a la par la materialidad pura de las relaciones sociales, o su entramado racional, sino más bien lo contrario: de la industria cultural solo subyace la más vulgar y grotesca utopía, que en su calidad de heterotopía, recuerda a las otras utopías su carácter absoluto, totalitario y trascendental en la cultura hipermoderna. Ahora, la pregunta que nos surge éste programa, en función de lo dicho anteriormente, se centra en lo siguiente: ¿Es pensable el programa como una unidad, que carga de si, totalitarismo, represión, rarefacción (normalización), y nihilización de la historia que habla Marcusse en su obra “Eros y Civilización” como “la historia prohibida y subterránea de la civilización” (Marcusse, P.31)? ó por el contrario, ¿El programa se expresa como una unidad emancipadora de goce, o arquetipo de libertad?

Lanzo la pregunta en función de que cada uno mastique el carácter “vomitivo” y “escatológico” delmass media, que contiene muchísimo más goce que de lo que la gente comúnmente piensa. FELICES VACACIONES.

No hay comentarios:

Publicar un comentario